Não posso dormir; minha alma abandona meu corpo e vai à rua semi-escura e úmida onde as luminárias parecem gaiolas tediosas, que aprisionam canários moribundos incandescentes.
Minha alma vai se debatendo contra as paredes de trecho em trecho ou caindo em seu vôo incerto sobre as veredas, como a sombra de um pássaro cego.
Minha alma avança, avança apesar de suas quedas e um pacote de intenções ocultas debaixo do braço, ou como se fosse uma criada algo mercenária levando um recém-nascido a fim de deixá-lo clandestinamente em uma porta.
Minha alma avança, avança apesar de suas quedas e tremulejos, como uma mancha que está dentro dos olhos seguindo a uma direção resultante, sua rota através das penumbras fantásticas que obstruem a via pública.
Minha alma viaja a favor da noite e do silêncio, cúmplice de ambos, como se tivesse uma venda em torno dos olhos e, pois, se agarrando qual sombra aos objetos, alargando sua forma entre as brechas e saltando tangencialmente nas bordas.
Procura por um bairro, por uma casa, fareja as aberturas das portas, se levanta, investiga através do buraco da fechadura, foge como se a soprasse o vento, sobe pelas barras das janelas, desaparece e a sua forma se espalha sobre o tapete de uma sala onde ela caiu atravessando o vidro entre duas varetas da persiana.
Um movimento mais e está como a projeção de um corpo, a uma imensa distância, sem que se veja o caminho percorrido. E então tremendo como um tule carbonizado posto ao extremo de um fio fino, volta a debater-se contra as paredes da casa assediada, descrevendo ângulos, subindo acima das bordas e elevando-se sobre os muros para justapor o seu luto no horizonte através do vazio e revir esgotada do salto, procurando pacientemente por entrada.
Como um núcleo flutuante de fumaça negra, minha alma espreita de cima das sacadas, desce aos pátios, gira em torno das plantas e, de repente, se lança aos quartos mediante persianas entreabertas.
Um ruído muito leve a estremece; é um suspiro que ultrapassa as cortinas do leito onde dorme uma mulher. Minha alma se irradia através daquele corpo adorado, visita as formas, se arrasta sobre esta pintura concebida ao abrigo de finos tecidos, segue as curvas dos seios, contorna o óvalo do rosto, vislumbra os lábios...a respiração a repele...um perfume a penetra...se aproxima novamente...uma aspiração a absorve e a instala dentro do ser mais desejado.
Dali não se moverá nunca; ali estará envolvida pelo sangue da mulher amada, recorrendo os nervos e viajando do coração até a cabeça.
Ali viverá para sempre, alimentando sua própria paixão, já eu, sem alma, levantarei amanhã e passarei meus olhos mortos sobre as indiferenças da vida, vivendo de concessão e ministrando meu bocadinho de pão a meu corpo vazio, sem outra aspiração na terra que não seja amá-la e que me ame.
o0o
Alma callejera.
No puedo dormir; mi alma se sale de mi cuerpo y se va a la calle semioscura y húmeda donde los faroles de gas parecen jaulas aburridas, que encierran canarios moribundos ardiendo.
Mi alma va topando las paredes de trecho en trecho o cayendo en su vuelo incierto, sobre las veredas, como la sombra de un pájaro ciego.
Mi alma avanza, avanza, a pesar de sus caídas y un paquete de intenciones ocultas debajo del brazo, o como si fuese una criada mercenaria que llevara un niño recién nacido a dejarlo clandestinamente en una puerta.
Mi alma avanza, avanza, a pesar de sus caídas y revoloteos, como una mancha que está dentro de los ojos siguiendo en una dirección resultante, su ruta a través de las penumbras fantásticas que obstruyen la vía pública.
Mi alma viaja a favor de la noche y del silencio, su cómplice, como un capullo oscuro que va delante de los ojos y se pega cual sombra a los objetos, alargando su forma entre los huecos y saltando tangente en las aristas.
Busca un barrio, una casa, husmea las hendiduras de las puertas, se levanta, se asoma al ojo de la llave, huye como soplada por el viento, trepa por los barrotes de las ventanas, desaparece y su forma se esparce sobre la alfombra de una sala donde ha caído atravesando los vidrios entre dos varillas de persiana.
Un movimiento más y está como la proyección de un cuerpo, a inmensa distancia, sin que se vea el camino recorrido. Y luego temblando como un tul carbonizado puesto al extremo de un alambre fino, vuelve a golpearse en las paredes de la casa asediada, enfilando los ángulos, subiendo a las cornisas y elevándose sobre los muros para estampar su luto en el horizonte a través del vacío y volver fatigada del salto, a buscar pacientemente su entrada.
Como un núcleo flotante de humo negro, mi alma merodea sobre las azoteas, desciende a los patios, gira alrededor de las plantas y de repente se lanza a las habitaciones por los postigos entreabiertos.
Un ruido leve la estremece; es un suspiro que se escapa de entre las cortinas del lecho donde duerme una mujer. Mi alma se difunde sobre aquel cuerpo adorado, visita sus formas, se arrastra sobre ellas diseñadas bajo las finas telas, sigue las curvas de su busto, rodea el óvalo de su cara, enfila sus labios… la respiración la rechaza… un perfume la penetra… se aproxima de nuevo… una aspiración la absorbe y la instala dentro del ser más querido.
De allí no se moverá nunca; allí estará mezclada con la sangre de la mujer amada, recorriendo sus nervios y viajando de su corazón a su cabeza.
Allí vivirá siempre, alimentando su propia pasión, y yo, sin alma, me levantaré mañana para pasear mis ojos muertos sobre las indiferencias de la vida, viviendo de prestado y gestionando mi bocado de pan con mi cuerpo vacío, sin otra aspiración en la tierra que amarla y que me ame.
Eduardo Wilde. "Alma callejerra". In: ___.Prometeo & Cia. Buenos Aires: Jacobo Peuser, 1899.
Nenhum comentário:
Postar um comentário